
¿La masturbación está reemplazando al sexo en las relaciones?
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La masturbación ha ganado terreno en las conversaciones sobre salud sexual, especialmente en un contexto donde las relaciones de pareja enfrentan desafíos como el estrés diario y la accesibilidad al contenido erótico online. Aunque algunos temen que esta práctica esté desplazando el sexo compartido, los datos recientes sugieren un panorama más matizado: la masturbación actúa como complemento saludable, no como sustituto.[1][3]
Históricamente, la masturbación ha sido vista con prejuicios, asociada a tabúes morales y mitos sobre su impacto negativo en la vida sexual compartida. Sin embargo, en las últimas décadas, la ciencia ha desmontado estas ideas, posicionándola como una herramienta esencial para el autoconocimiento sexual. Estudios pioneros, como los de la Universidad de Toronto, enfatizan que la calidad de las interacciones íntimas prevalece sobre la frecuencia, permitiendo que la masturbación enriquezca las relaciones en lugar de erosionarlas.[7]
En España, encuestas recientes revelan un aumento en la práctica solitaria, impulsado por el acceso a internet y juguetes eróticos. Por ejemplo, entre 2010 y ahora, la masturbación mensual en mujeres subió del 37% al 40,3%, y en hombres jóvenes de 16 a 24 años el incremento es aún más notorio. Este fenómeno no implica menos sexo en pareja, sino una mayor exploración personal que puede mejorar la satisfacción mutua.[3]
Un estudio de 2025 sobre hábitos sexuales en España destaca que el 88,4% de las personas alcanzan el orgasmo durante la masturbación, comparado con el 75,4% en encuentros con pareja. Para hombres, esta cifra es del 90,4% en solitario frente al 86,1% con otra persona, peaking entre 35-44 años al 88,9%. En mujeres, el 86,6% logran orgasmo masturbándose solas, bajando al 65,9% en sexo compartido, con un máximo del 81,3% después de los 65 años.[1]
La frecuencia también difiere: hombres se masturban en promedio 3,73 veces por semana, dedicando 4'54 minutos por sesión, mientras mujeres invierten 5'38 minutos. Más del 67% de hombres y 53,2% de mujeres alcanzan orgasmo en estas sesiones, cifra que sube con juguetes eróticos, especialmente en mujeres donde casi el 80% lo logra así.[5]
El 88,8% incluye sexo oral en su vida sexual con pareja, seguido de masturbación mutua en 71,6%. Prácticas extremas como tríos son raras (2,4%). Cuatro de cada diez mujeres usan juguetes, prefiriendo fantasías propias (38%) sobre porno (18%). El 77% de españolas ve la masturbación como clave para buen sexo, y el 76% para autoconocimiento.[1][6]
Contrario al mito de insatisfacción, la masturbación es más frecuente en parejas estables debido a testosterona elevada por sexo regular, hábitos personales y exploración corporal. No indica fracaso sexual; al revés, incrementa deseo y testosterona post-orgasmo, mejorando el sexo compartido. Hombres en relaciones felices masturban menos recientemente, pero usan esta práctica para entrenar resistencia y descubrir fantasías.[2][4]
Factores como diferencias en apetito sexual, insatisfacción o problemas eréctiles impulsan la masturbación como compensación. Quienes desean más coito de lo real, o perciben desajustes con la pareja, recurren a ella. Conviviendo, se reporta menos masturbación que solteros, pero mayor integración en pareja.[3]
Conocer el propio cuerpo vía masturbación permite guiar a la pareja, elevando la calidad sexual. El 90% afirma que mejora ánimo, salud, energía y autoconfianza. En parejas, reduce tabúes y amplía repertorio, como fantasías compartidas. Autosexuales prefieren solitario pero mantienen sexo por afecto.[4][5]
Aumenta testosterona, deseo sexual y resistencia. Mujeres con orgasmo difícil en pareja (solo 14-30% siempre) benefician de juguetes en solitario y mutuo. El 67% de mujeres ven masturbación esencial para felicidad relacional.[4][6]
Aunque datos muestran mayor tasa de orgasmos en masturbación (88,4% vs. 75,4%), esto refleja control personal, no rechazo a la pareja. Cambios culturales como porno online y estrés moderno favorecen lo rápido y autónomo, pero no reducen coito. Parejas con comunicación abierta integran ambas prácticas, logrando satisfacción pese a frecuencias variables (1-3 veces/semana).[3][7]
En hombres descontentos sin sexo reciente, masturbación sube al 79%, señalando compensación temporal. Para mujeres, cierra brechas orgásmicas. Recomendación: terapia de pareja si inseguridades persisten, fomentando diálogo sobre necesidades.[2][8]
La masturbación no reemplaza el sexo en relaciones; lo enriquece al potenciar autoconocimiento, deseo y comunicación. Datos 2025 confirman su rol positivo, especialmente con juguetes y en etapas vitales diversas. Parejas que normalizan ambas prácticas reportan mayor felicidad sexual, priorizando calidad sobre cantidad. Abraza esta evolución para relaciones más plenas.