
Putting Away the Remote at Bedtime Could Set Your Kids Up for Success
Amet mauris lectus a facilisi elementum ornare id sed sed aliquet dolor elementum magnis quisque id ultrices viverra cursus nunc odio in egestas consectetur cras consequat sodales netus pretium feugiat nulla semper senectus bibendum ornare sit adipiscing ut atid viverra donec nunc, donec pulvinar enim ac habitasse fermentum amet praesent atac elementum id sed nibh diam ultrices nibh enim volutpat varius et est sed vestibulum neque.
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua. Ut enim ad minim veniam, quis nostrud exercitation ullamco laboris nisi ut aliquip ex ea commodo consequat.
Vitae congue eu consequat ac felis placerat vestibulum lectus mauris ultrices cursus sit amet dictum sit amet justo donec enim diam porttitor lacus luctus accumsan tortor posuere praesent tristique magna sit amet purus gravida quis blandit turpis.

Ornare sit adipiscing ut atid viverra donec nunc, donec pulvinar enim ac habitasse fermentum amet nunc praesent atac elementum id sed nibh diam ultrices nibh enim volutpat varius et est sed vestibulum neque.
Amet mauris lectus a facilisi elementum ornare id sed sed aliquet dolor elementum magnis quisque id ultrices viverra cursus nunc odio in egestas consectetur cras consequat sodales netus pretium feugiat nulla semper senectus bibendum.
“Duis aute irure dolor in reprehenderit in voluptate velit esse cillum dolore eu fugiat nulla pariatur excepteur sint occaecat cupidatat non proident, sunt in culpa qui offi.”
Duis aute irure dolor in reprehenderit in voluptate velit esse cillum dolore eu fugiat nulla pariatur. Excepteur sint occaecat cupidatat non proident, sunt in culpa qui officia deserunt mollit anim id est laborum.
Duis aute irure dolor in reprehenderit in voluptate velit esse cillum dolore eu fugiat nulla pariatur excepteur sint occaecat cupidatat non proident, sunt in culpa qui officia deserunt mollit anim id est laborum.
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua. Ut enim ad minim veniam, quis nostrud exercitation ullamco laboris nisi ut aliquip ex ea commodo consequat.
En muchos hogares, la televisión forma parte del ritual nocturno: se enciende la pantalla para «relajar» al niño, calmar rabietas o conseguir que se duerma más rápido. Sin embargo, cada vez más investigaciones muestran que dejar que los niños pequeños vean TV antes de dormir no solo no ayuda, sino que puede perjudicar seriamente su descanso, su desarrollo y su salud física y emocional.[3][5]
Lejos de ser un gesto inocuo, la exposición a pantallas a última hora del día se asocia con menos horas de sueño, más despertares nocturnos, mayor irritabilidad y problemas de conducta, incluso en edades tan tempranas como los 2 o 3 años.[3][9] En un contexto donde los niños pasan cada vez más tiempo frente a pantallas, comprender este impacto se vuelve clave para las familias.
Este artículo analiza de forma detallada por qué el uso de televisión y otros dispositivos antes de dormir puede ser dañino para los niños pequeños, qué ocurre en su cerebro y en su cuerpo, qué dice la ciencia y cómo los padres pueden implementar rutinas de noche más sanas y efectivas.
Diversos estudios han encontrado una relación consistente entre el tiempo de pantalla y una reducción de la duración y calidad del sueño en la población infantil.[3][5] En niños de 2 a 6 años, ver televisión durante una hora y media o más al día se ha asociado con un sueño más corto, y en edades de 8 a 12 años, con una mayor sensación de descanso insuficiente.[3][8]
Cuando ese tiempo frente a la TV se concentra justo antes de dormir, el impacto es todavía mayor: el niño tarda más en conciliar el sueño, se despierta con más frecuencia y es más probable que al día siguiente esté somnoliento, irritable y con menos capacidad de atención.[3][7]
Buena parte del problema no es solo el contenido, sino la luz que emiten las pantallas. La televisión, las tabletas y los teléfonos emiten luz azul, un tipo de luz que inhibe la producción de melatonina, la hormona que le indica al cuerpo que es hora de dormir.[5][7]
Cuando un niño pequeño se expone a luz azul en la franja previa a la hora de dormir, su reloj biológico se desajusta: la melatonina se libera más tarde, se retrasa el inicio del sueño y se altera el ritmo circadiano.[7][8] A corto plazo, esto se traduce en acostarse más tarde y dormir menos; a largo plazo, puede consolidar patrones de sueño poco saludables.
La mayoría de los contenidos infantiles están llenos de colores intensos, cambios rápidos de escena, música y efectos sonoros constantes. Esta combinación supone una fuerte estimulación para un cerebro que aún está en plena construcción.[5]
En lugar de preparar al niño para el descanso, la televisión activa su sistema nervioso: aumenta su nivel de alerta, facilita la excitación y dificulta que pase al estado de relajación necesario para conciliar el sueño. Esta sobreestimulación es especialmente problemática cuando se produce en la franja de noche, que debería estar reservada a actividades calmadas y repetitivas que indiquen al cerebro que el día termina.
El uso excesivo de pantallas, incluida la televisión, se ha relacionado con peores resultados en pruebas de desarrollo cognitivo en la infancia, tanto en lenguaje como en autorregulación y habilidades de atención.[5] Los niños que pasan más de dos horas al día delante de una pantalla tienden a mostrar más dificultades para concentrarse y para sostener tareas que requieren esfuerzo mental sin estímulos rápidos y constantes.
Si el tiempo de pantalla invade además el momento de ir a dormir, se suma el efecto indirecto de la falta de sueño: un descanso insuficiente afecta negativamente la memoria, la consolidación de lo aprendido durante el día, la capacidad de resolver problemas y el rendimiento escolar futuro.[3][5][7]
Dormir menos y dormir mal no solo tiene consecuencias cognitivas. El sueño insuficiente se asocia con mayor irritabilidad, impulsividad, cambios bruscos de humor y dificultades para regular las emociones.[3][9] En la infancia temprana, donde la autorregulación aún se está desarrollando, esto puede traducirse en más rabietas, desafío, llanto fácil y dificultades para tolerar la frustración.
Además, estudios en población infantil y adolescente muestran que el uso excesivo de pantallas se relaciona con más problemas emocionales, síntomas de ansiedad y depresión, y mayor reactividad emocional.[1][2][9] Aunque la televisión antes de dormir no explica por sí sola estos problemas, sí puede ser un factor que aumenta la vulnerabilidad al alterar repetidamente el sueño y la rutina.
Los niños con televisión en su habitación presentan un riesgo incrementado de obesidad, peores hábitos de sueño y mayor sedentarismo.[3][6][10] Cuando el niño ve TV antes de dormir, es frecuente que lo haga sentado o acostado durante largos periodos, a menudo acompañado de consumo de snacks o bebidas azucaradas.
Se sabe que un sueño insuficiente se asocia con alteraciones metabólicas: mayor tendencia al sobrepeso, cambios en hormonas del apetito y más resistencia a la insulina, lo que a largo plazo aumenta el riesgo de obesidad y diabetes.[3] La pantalla nocturna, por tanto, influye tanto por el sedentarismo como por el daño indirecto que provoca al descanso.
En el caso de los niños con autismo, el impacto del uso de pantallas antes de dormir puede ser aún más marcado. Se estima que hasta un 80 % de los niños con autismo tienen problemas de sueño, con dificultades de conciliación y despertares frecuentes.[4]
Estos niños suelen pasar más tiempo frente a las pantallas que la media y, al mismo tiempo, son especialmente sensibles a los estímulos visuales y auditivos. El resultado puede ser un círculo vicioso: el uso nocturno de pantallas empeora el sueño, el mal sueño aumenta conductas repetitivas, irritabilidad y ansiedad, y esto lleva a recurrir aún más a las pantallas como «calmante».[4]
Los niños pequeños de entornos más vulnerables o con menos recursos suelen ser más susceptibles a un uso excesivo de pantallas.[3] En muchos casos, la TV se utiliza como herramienta para «contener» al niño mientras los adultos trabajan, realizan tareas domésticas o intentan descansar, incluyendo la franja nocturna.
Aunque este recurso puede parecer práctico a corto plazo, tiene un coste en salud y desarrollo. Por ello, es especialmente importante ofrecer a estas familias pautas sencillas, realistas y adaptadas a su contexto para reducir la exposición a la TV antes de dormir sin aumentar la carga de estrés.
La Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños menores de 2 años no utilicen medios electrónicos y que, a partir de esa edad, el tiempo de pantallas se limite a un máximo de dos horas diarias, siempre con contenido de calidad.[3][6] Muchos países y organizaciones pediátricas coinciden en que el uso de pantallas debe ser especialmente limitado en las horas previas a dormir.
En paralelo, organismos de salud como Mayo Clinic advierten de que un exceso de tiempo de pantalla se asocia con obesidad, horarios inadecuados de sueño, problemas de conducta y retrasos en el lenguaje y habilidades sociales.[6] Esto refuerza la necesidad de un enfoque proactivo en casa.
Numerosas investigaciones señalan que el uso de dispositivos en la hora previa a dormir se asocia con una reducción significativa en la duración y la calidad del sueño.[5][7][8] Por ello, muchos expertos recomiendan establecer una «zona libre de pantallas» de al menos una o dos horas antes de la hora de acostarse.
En la práctica, esto significa que la televisión, las tabletas y los teléfonos se apaguen a una hora fija cada noche, sustituyéndolos por actividades tranquilas como leer cuentos, dibujar, jugar de forma calmada o hablar sobre el día.
Los niños pequeños necesitan rituales repetitivos que les indiquen que el día termina. En lugar de utilizar la TV como transición, es preferible diseñar una rutina estructurada y sencilla que incluya siempre los mismos pasos: por ejemplo, baño, pijama, cena ligera, cuento y a la cama.
Una rutina consistente contribuye a que el niño se sienta seguro, anticipe lo que viene y aprenda a asociar determinadas actividades