
Why ‘Getting Coffee With Your Younger Self’ Can Help You Heal, According to Therapists
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Un trend viral que imagina una conversación con nuestra versión más joven —popularizado por un poema que inspiró miles de videos y publicaciones— ofrece una herramienta potente de autoexploración y sanación, pero también exige límites y cuidado emocional para evitar reactivar traumas o comparaciones dañinas.
El ejercicio recrea una escena sencilla: te sientas en una cafetería frente a tu yo de años atrás y entablas una conversación en la que ofreces consuelo, perspectiva o consejos que ahora tienes gracias al tiempo transcurrido. Esta imagen fue impulsada por un poema que se hizo popular en redes sociales y pasó a convertirse en un reto creativo y terapéutico que muchas personas usan para reflexionar sobre su crecimiento personal[1].
El formato combina nostalgia, vulnerabilidad y esperanza: invita a evaluar cuánto hemos cambiado, reconocer logros y practicar la compasión hacia decisiones pasadas que en su momento fueron las mejores dentro de la información disponible en ese entonces[2].
Varios profesionales de salud mental señalan que este tipo de visualización puede favorecer la autocompasión, reducir la rumiación por errores pasados y reforzar una narrativa de crecimiento personal[2].
Entre los beneficios más citados por personas que han practicado la técnica están sentir alivio emocional, encontrar cierre simbólico con experiencias dolorosas y recuperar motivaciones o sueños olvidados que pueden reencender proyectos personales[2].
Al verbalizar consuelo a una versión más joven de uno mismo se reconfigura la voz interna crítica hacia una voz más amable y explicativa; en vez de juzgar decisiones pasadas se contextualizan y se reconoce que esas decisiones surgieron de limitaciones y miedos legítimos en ese momento[2].
Aunque la práctica suele ser curativa, no es neutra para todas las personas: para quienes han sufrido traumas, pérdidas profundas o episodios de salud mental graves, revivir recuerdos puede desencadenar tristeza, ansiedad intensificada o recuerdos intrusivos si no se maneja con cuidado[1].
Además, la exposición pública del ejercicio en redes sociales puede generar comparaciones sociales o idealización del propio pasado/ presente que distorsione la autopercepción; por eso es importante diferenciar el ejercicio privado de la performance pública[1][2].
Ante cualquiera de estas señales, es recomendable pausar la práctica y consultar a un/a profesional de salud mental que pueda acompañar el proceso de manera segura[1].
A continuación se proponen pasos prácticos para convertir la idea viral en una herramienta terapéutica clara y adaptada a tus límites emocionales:
Combinando imaginación y estructura, la práctica se transforma en un ejercicio de atención plena que puede terminar con un plan de autocuidado o con una nota escrita para consolidar la experiencia[2].
Como formato viral, el “tomé café con mi yo más joven” funciona porque es sencillo, emotivo y fácilmente reproducible en video o texto; sin embargo, su popularidad también impone una simplificación del proceso terapéutico: condensar décadas de experiencia en un minuto de contenido puede privilegiar sensaciones rápidas sobre trabajo profundo y sostenido[2].
Culturalmente, la tendencia promueve una narrativa de progreso personal muy atractiva, pero también puede invisibilizar realidades estructurales (por ejemplo, daños causados por factores sociales o económicos) al centrar la solución en la capacidad individual de “consolar” al pasado[1][2].
Los profesionales de la salud mental pueden incorporar la técnica como herramienta complementaria, siempre evaluando la idoneidad y ofreciendo contención cuando sea necesario. Para creadores en redes, se sugiere añadir avisos sobre la posibilidad de reacciones emocionales y evitar presentar la práctica como sustituto de terapia cuando hay heridas profundas[1].
Sugerencia de estructura de 10–20 minutos para quien quiera probar en casa: 1) respiraciones profundas (2–3 minutos), 2) definir edad y contexto (1–2 minutos), 3) diálogo interno guiado (5–10 minutos), 4) escribir 1–3 afirmaciones o acciones concretas como cierre (2–5 minutos). Finaliza con una actividad de autocuidado breve (hacer té, caminar 10 minutos) para volver al presente.
El ejercicio de “tomar café con mi yo más joven” es una poderosa invitación a la autocompasión y a la narración reflexiva de la propia vida; funciona mejor cuando se utiliza con propósito, límites claros y, en casos de sufrimiento intenso, con apoyo profesional para evitar reactivar traumas o crear comparaciones dañinas[1][2].