
La manera en la que presentamos la brecha de género en política importa
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La **brecha de género en política** no solo refleja desigualdades numéricas, sino que su forma de presentación puede moldear opiniones públicas y políticas efectivas. Estudios muestran que enfatizar porcentajes relativos en lugar de absolutos genera mayor conciencia sobre la subrepresentación femenina, impulsando cambios estructurales[1].
La **brecha de género** se define como la disparidad entre hombres y mujeres en indicadores clave como participación económica, acceso a educación, salud y empoderamiento político. Según expertos, estas desigualdades surgen de valoraciones sociales inconscientes que diferencian por género, generando costos sociales y económicos significativos[1][2].
Históricamente, las mujeres han enfrentado barreras sistemáticas. En Panamá, por ejemplo, el derecho al voto llegó años después que para los hombres, y en Arabia Saudita, manejar un vehículo se permitió solo en 2017. Estas restricciones han permeado hasta la política, donde la representación femenina sigue rezagada pese a que las mujeres constituyen más del 50% de la población en muchos países[5].
En Colombia, aunque las mujeres son el 52% de la población, la desigualdad persiste en cargos electorales. Datos revelan que la brecha se agrava en regiones, con mujeres más vulnerables a choques económicos como la pandemia, que exacerbó desigualdades en ingresos y liderazgo[4][7].
A nivel empresarial, solo 1 de cada 10 directores de grandes empresas es mujer, y en Bolivia, 7 de cada 10 mujeres han sufrido violencia de género, limitando su ascenso político. Un estudio de la OIT indica que incluir mujeres efectivamente aumenta ganancias y productividad en un 62%[1].
Presentar datos de **brecha de género en política** como "el 80% de parlamentarios son hombres" resalta la dominancia masculina más que decir "las mujeres ocupan el 20% de escaños". Esta perspectiva relativa fomenta empatía y acción, evitando minimizar el problema[1].
Desde un nuevo punto de vista, la narrativa importa porque influye en marcos cognitivos. En salud pública, ignorar la perspectiva de género en mortalidad materna pasa por alto derechos reproductivos y liderazgo femenino, perpetuando brechas[3].
En la Unión Europea, las mujeres ganan un 16% menos por hora, equivalente a dos meses de trabajo gratuito al año. La brecha salarial se extiende a política, donde roles de poder siguen sesgados culturalmente[6].
En América Latina, la pandemia incrementó la brecha: en Colombia, el 27.5% de mujeres sin ingresos propios pasó a más, versus menor aumento en hombres. Esto afecta aspiraciones políticas, ya que la carga doméstica (80% en mujeres) limita liderazgo[3][4].
| Región | % Mujeres en Parlamentarios | Brecha Principal |
|---|---|---|
| Bolivia | ~50% (tendencia paridad) | Violencia de género[1] |
| Colombia | <30% | Ingresos y liderazgo[4][7] |
| UE | ~30% | Brecha salarial[6] |
Estos datos subrayan la necesidad de ópticas de género en todos los sectores para identificar y cerrar brechas[1].
La subrepresentación femenina debilita la democracia, ya que decisiones ignoran perspectivas clave. En liderazgo de ciencias de la salud, mujeres lideran roles subalternos, pero no toma de decisiones, afectando políticas inclusivas[3].
Económicamente, cerrar brechas es justicia social y motor de crecimiento. Políticas de equidad, como cuotas, han impulsado paridad en Bolivia, pero persisten inercias culturales[1][3].
La **brecha digital de género** excluye a mujeres del mercado laboral y política digital. La ONU reporta que mujeres ganan 20% menos en tech, limitando voces en decisiones futuras. Acceso temprano a tecnología y formación son clave[8].
En ecosistemas emprendedores, colaboratorios como el de Bolivia unen esfuerzos para empoderar mujeres, cerrando brechas mediante inclusión efectiva[1].
Para combatirla, organizaciones deben crear políticas, autodiagnósticos y alianzas público-privadas. Desafiar sesgos culturales es esencial, reconociendo que equidad beneficia a todos[5].
En Colombia, la Agenda 2030 prioriza igualdad sustantiva en empoderamiento económico y representación política[4].
Presentar la **brecha de género en política** de manera estratégica no solo informa, sino transforma realidades. Al optar por enfoques relativos e interseccionales, generamos urgencia colectiva para equidad. El cierre de estas brechas fortalece democracias, economías y sociedades, requiriendo acción ecosistémica inmediata[1][2].